Orígenes y Etimología de Olocuilta

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Aunque es ampliamente aceptado y asumido el toponímico o, mejor dicho el zoonímico, aportado por el Historiador Jorge Lardé y Larín, lo cierto es que existen otras acepciones.

Para dicho autor, el nombre del municipio procede de las voces náhuat olocuil, que significa “gusano medidor” y ta, que se traduce como localidad o lugar, es decir “Lugar deí gusano medidor”. Y añade, “A su vez la palabra olocuil proviene de oiot, olote, y cuil, gusano, ‘gusano de olotes’, término con que se designaba a los gusanos medidores”[1].

Sin embargo, para el antropólogo, lingüista, periodista y escritor Pedro Geoffroy Rivas, el nombre de esta localidad se forma de las expresiones olut (elote), cuilua (pintar o manchar) y tan (lugar o localidad), por lo que significa “Lugar de olotes pintados”. Esta misma acepción es también sostenida por Tomás Fidias Jiménez y Próspero Arauz, diferenciándose de las anteriores únicamente porque para ambos el locativo es la voz co, y porque traducen el toponímico simplemente como “Olotes pintados”.

Pese a esa coincidencia entre Pedro Geoffroy Rivas y Tomás Fidias Jiménez, el primero no parece estar de acuerdo con los criterios utilizados por el segundo para traducir, y dice:

“Frecuentemente tropezamos con una absurda descomposición de los nombres. Los traductores dividen los toponímicos en cuatro o cinco vocables, cuando en realidad tienen dos o tres, con tal de ajustarlos a la traducción que han imaginado. Jiménez descompone Acomunca en at-co-mun-cal y con esto le resulta facilísimo afirmar que se trata de “agua que viene de la casa del cuñado. (...) Se supone generalmente que basta un diccionario o un vocabulario moderno, para descomponer los nombres nahuas en sus elementos constitutivos y encontrar el significado. La cosa no es así de fácil. El náhuat es un idioma aglutinante. Es decir, que dos o más palabras pueden unirse para formar una nueva palabra. Esta unión, sin embargo, no es arbitraria. Por el contrario, obedece a rígidas reglas, cuyo desconocimiento es el responsable de innumerables errores”[2].

Al explicar cuáles son esas severas reglas, entre otras, señala que cuando dos sustantivos se unen, el primero pierde su terminación o sílaba final y queda completo el segundo. Señala que cuando un sustantivo se une a un adjetivo, éste se coloca en primer lugar; y cuando uno o más sustantivos se unen a un verbo, éste debe colocarse al final. Enseguida sostiene, categóricamente, que los locativos siempre van como último término, pero jamás al principio o en medio.

Teniendo en cuenta esas aclaraciones, Lardé y Larín está en lo correcto al aclarar que “ulucuil” significa “gusano medidor”. En cambio, Geoffroy Rivas lo escribe así: “ulut-cuilua” (olote pintado), es decir, utiliza en primer lugar un sustantivo y luego coloca el verbo en participio.

Sin embargo, a nuestro juicio, podrían existir otras posibilidades de traducir el toponímico. Así por ejemplo: “árbol de hule” se traduce como ulikuáuit, lo que al añadirle el locativo sería ulikuáuit-ta. ¿Cómo escucharían aquel toponímico los primeros conquistadores? Haga usted el ejercicio pronunciándolo rápidamente y se dará cuenta que, con alguna variante debido a su construcción formal, suena similar al nombre actual del municipio. Eso hace posible que debido a la dificultad que tenían de pronunciarlo, los primeros colonizadores lo castellanizaran sin considerar regla alguna sino más bien buscando la facilidad fonética para su uso cotidiano y documental: Olocuilta. Ahora bien, ¿cómo se escucharía la voz tuli-kuáuit-ta (Lugar del árbol de tule)?

Es claro que el toponímico original fue castellanizado dado que, para empezar, en náhuat no existe la letra “O”, y ello sugiere que el mismo proceso debió aplicarse al resto de elementos constitutivos. Eso sí, lo más probable es que al hacerlo hayan tratado de respetar el orden de dichos elementos o sílabas, pero buscando principalmente la facilidad fonética, como lo hicieron al identificar a los pueblos indígenas de México y Guatemala.

De hecho, algunas veces acuñaron algunos improperios, como cuando fijaron el toponímico Yucatán, que fue la respuesta a la pregunta: ¿Cómo se llama este lugar? A lo que la comunidad maya contestó: yucatán (no les entendemos). Pero, en cuanto a la forma de castellanización de los toponímicos náhuat, los conquistadores dejaron en México una confusión muy parecida a la que sucede con Olocuilta. En aquel país, hoy en día se tiene por incierto el origen del nombre del estado de Coahuila, pues se tiene duda si significa 'Víbora que vuela”, “Lugar de muchos árboles” o “Lugar donde se arrastran las serpientes”. De paso, nótense las semejanzas fonéticas entre Olocuilta y Coahuila.

Este texto ha sido extraido integramente de la Monografía de Olocuilta.

[1] Larde y Larín, Jorge. El Salvador: historia de sus pueblos, villas y ciudades, p. 319.
[2] Geoffroy Rivas, Pedro, Toponimia náhuat de Cuscatlán, p. 10.

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